• ¿Normal?

    El presupuesto para la salud en México en el ejercicio 2026 será de aproximadamente 996,528 mdp. El 3 de abril, Donald Trump solicitó al congreso que el presupuesto bélico de Estados Unidos para 2027 sea de 1.5 billones de dólares. Y estos datos nos parecen normales.


    Según la OMS, en el mundo 280 millones de personas sufren de algún grado de depresión. Tan sólo en México, 36 millones de personas son afectadas por este padecimiento. Y estos datos nos parecen normales.


    Desde octubre de 2023, y hasta mayo de 2025, la OMS había registrado 697 ataques a la atención de la salud en Gaza. Y estos datos nos parecen normales.


    En 2024, hasta 60 países experimentaron brotes a gran escala de sarampión, casi el doble a lo registrado en 2022. Y estos datos nos parecen normales.


    El mariscal de campo de los Halcones Marinos de Seattle tiene un contrato de 3 años por 100.5 millones de dólares. El salario mensual de una enfermera especialista en México es de aproximadamente 18 mil pesos mensuales. Y estos datos nos parecen normales.


    De acuerdo con datos de las Naciones Unidas, cada año 4 millones de niñas son sometidas a la Mutilación Genital Femenina. Y estos datos nos parecen normales.


    En 2023, la OMS estimó que diariamente murieron más de 700 mujeres por causas prevenibles, relacionadas con el embarazo y el parto. Y estos datos nos parecen normales.


    Los resultados de un estudio de la OEI marcan que, tan sólo en 2022, 152 mil infantes de América Latina y el Caribe murieron por temas relacionados con una deficiencia nutrimental. Y estos datos nos parecen normales.


    En julio de 2025, la OMS informaba de importantes retrocesos en la cobertura de vacunación en países de ingresos medios y altos. Y estos datos nos parecen normales.


    Si se mantiene la tendencia actual, no se alcanzará la cobertura universal de salud para el 2030; quedándose sin cumplir este Objetivo de Desarrollo Sostenible marcado por la ONU. Y estos datos nos parecen normales.


    ¿En verdad piensas que deberían ser normales?

  • Cuestión de fondo.

    Desde hace algún tiempo, se ha puesto de moda entre los creadores de Hollywood el contar las historias sobre el origen de los villanos de las películas que se han convertido en clásicos.


    La primera que viene a mi mente es la película sobre el origen de Maléfica, mezclada con una reinterpretación del cuento mismo de Aurora; y que creo fue una adaptación bien llevada. Otras que han seguido son la historia de la malvada Cruella de Vil, y a últimas fechas la historia de Scar; está última medio opacada por la historia de Mufasa. De manera tangencial, pero no por ello menos interesante, la serie de Andor también nos muestra como la personalidad de la madre del subinspector Syril Karn contribuyó a convertirlo en el desagradable personaje que todos conocemos.


    Alejándonos un poco del conglomerado de Disney; también se ha dado mucha promoción a historias sobre las vidas de varios de los asesinos seriales más famosos de los últimos tiempos. Una de ellas es la perturbadora historia de Jeffrey Dahmer, la cual presenta a su familia disfuncional como una de las posibles causas de sus posteriores crímenes. Por otra parte, la mini serie sobre Ted Bundy termina con un experto psicólogo concluyendo que el asesino de más de 30 mujeres padecía un trastorno maniaco-depresivo.


    Imagino que la intención de presentar estas historias, sobre todo en el caso de los personajes de historias que nacieron como películas animadas; es mostrarnos que los villanos no son series unidimensionales que desayunan un plato de maldad con leche todos los días. El propósito de estas historias es generar una comprensión en la audiencia, de ver más allá de la etiqueta original que se ha dado a estos personajes.


    Lo cual está muy bien cómo idea, pero creo que la ejecución de la misma ha tenido un efecto adverso. El punto de encuentro que se pretendía crear se dio, pero evolucionó a uno de lástima y justificación. “No hay que ser tan duros con Dahmer, ¿sabes? El pobre tuvo una madre alcohólica”. “Bueno pero es que también con un trauma como ese, el saber que tu madre no te amaba, era de esperarse que Cruella quisiera vengarse de ella”.


    Estos son ejemplos de cómo la audiencia ha tomado las circunstancias difíciles de la vida de estos personajes como atenuantes para sus crímenes y acciones; o incluso como evidencia concluyente de que no tenían como escapar de ese destino de maldad. Como si no hubiera miles de historias de personas que sufrieron/sufren situaciones incluso más complejas y desgarradoras que las de ellos, y no por eso andan por el mundo repartiendo perversidad.

    Al contrario, varias de ellas incluso se han elevado de sus circunstancias y han creado iniciativas, organizaciones y movimientos que protejan y ayuden a personas que se encuentran en la misma situación que pasaron (¿alguien recuerda la ley Olimpia?); y que buscan impedir que otras personas pasen por lo mismo (la Fundación Flor del Desierto de Waris Dirie es un excelente ejemplo).


    ¿Cuál debería ser entonces el aprendizaje que tomemos de las historias del origen de los villanos, tanto ficticios como reales? La primera sería la de identificar patrones recurrentes en las historias. Padres ausentes o emocionalmente distantes/abusivos, situaciones socioeconómicas adversas, crecer en medio de conflictos armados, algunos trastornos psicológicos; entre otros factores, son recurrentes en estas historias.


    Ahora que ya los identificamos, ¿cómo podemos solucionarlos? Quiero decir, si sabemos que día a día miles de jóvenes se unen a las filas del narcotráfico porque lo ven como una forma de subsistencia, ¿no deberíamos fomentar estructuras macroeconómicas que les permitan tener empleos dignos al crecer? O bien, si sabemos que los traumas de la infancia son un factor decisivo no sólo en que una persona pueda volverse criminal, sino que también son la causa de que no puedan llevar una vida plena, ¿no deberíamos exigir que el acompañamiento psicológico gratuito y de calidad estuviera al alcance de todas las personas?


    ¿No deberíamos estar construyendo una mejor comunidad?


    Dos de los refranes más ciertos que existen son que quienes no conocen la historia, están condenados a repetirla; así como que es de necios el esperar resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo. Nosotras ya conocemos la historia, y hemos visto los resultados de la misma una y otra vez. La cuestión ahora es cambiarla.


    ¿Tú cómo estás ayudando a cambiar la historia?

  • Relleno de Calidad.

    En varias ocasiones he visto videos que te convida a vivir una vida de protagonista. Con esto se refieren a que, si una serie o libro o película se tratara de una persona que únicamente se levanta, va a su trabajo, regresa a casa, se la pasa en el celular, y luego se duerme (¿alguien se acuerda de ese capítulo de Bob Esponja?); no le gustaría a nadie. Por tanto, debes de buscar una vida de protagonista en la que hagas cosas emocionantes, justamente para que tengas una historia que contar.


    Lo cual está muy bien y todo; pero no se nos debe olvidar que varias de las mejores historias, tiene también episodios de “relleno”. Estos capítulos son descritos como aquellos en los que “no pasa nada”, y que si se quitaran del material original; la historia central no se vería afectada, y seguiría siendo entendible para quien la estuviera leyendo o viendo. Pero, en las historias cuyos creadores realmente saben lo que están haciendo; estos capítulos que no avanzan la historia, realmente terminan enseñándonos mucho sobre la historia y sus personajes.


    Recordemos por ejemplo la grandiosa Avatar: la leyenda de Aang. En el capítulo de Aventuras en Ba Sing Se, nos muestran pequeños cortos sobre los miembros del equipo Avatar, así como sobre Zuko y Iroh. Los cortos no son nada ambiciosos, pero, aunque no avanzan la trama principal, si que nos ayudan a entenderla mejor. Por ejemplo, esta es una de las raras ocasiones en que vemos el lado sensible de Toph, quien por lo general se presenta como fuerte y segura de sí misma. El hecho de que este episodio nos muestre como los comentarios de otra chica la afectan, y más aún sobre un tema que en principio jamás hubiéramos pensado que le importara; nos recuerda también que al final del día ella y el resto del equipo Avatar no son más que niñas y niños. Quizás tengan poderes increíbles y estén en medio de una cruzada contra el Señor del Fuego, pero siguen teniendo los mismos sentimientos, inseguridades y conflictos que otros chicos de su edad. Esto último es también mostrado en el capítulo “La playa”, que si bien avanza más la historia principal; una buena parte del mismo nos recuerda que Azula, Zuko, Ty Lee y Mai son adolescentes con sus propios traumas familiares.


    El otro capítulo relleno de la serie es Los actores de la isla Ember, en la cual un grupo de actores de la nación del Fuego montan una obra de teatro donde cuentan, de manera bastante graciosa, las aventuras del equipo Avatar. En esencia, este capítulo sirve como resumen de la serie antes del gran final de la misma. Sin embargo, si lo vemos con detenimiento, este capítulo nos muestra cómo los vencedores (o quienes se consideran vencedores), usan las artes para avanzar su propia agenda. Desde la caracterización de los personajes principales, que los presenta ante el público como sosos y planos; hasta el final de la obra en la que el Señor del Fuego derrota al Avatar y se proclama vencedor de la Guerra de 100 Años; es un ejemplo perfecto de las técnicas usadas por los gobiernos y otras instituciones (desde siempre y de todas partes) para adoctrinar a sus seguidores y convencerlos de que “los otros” son los “malos”, y de la superioridad de su propio equipo. Quizás la audiencia no capté el significado de esto en un principio, pero es una imagen que se queda con ellos y les sirve de referencia para el futuro.


    ¿Qué es, pues, lo que hace que los fanáticos de la serie no consideren a estos capítulos como relleno, y que incluso el primero sea uno de los más apreciado por la audiencia? Simple: son episodios que le dan más profundidad a la serie, y que nos hace entender mejor a los personajes más allá de su rol en la trama principal. Podría decirse que si la historia principal es una dona, estos capítulos son esa crema con que las rellenan algunas veces: no es imprescindible, pero vaya que mejoran a la dona.


    Entonces, traduciéndolo a nuestra vida, la cosa no se trata de andar toda la vida al cien y completamente enfocados en nuestra trama principal, y en planear todas nuestras actividades conforme a ella. En primera eso sería completamente desgastante tanto física como mentalmente; y en segundo lugar, si sólo nos preocupamos de la trama principal, llega un momento en que la misma pierde sentido o se siente vacía, puesto que se convierte no una misión sino en una obsesión. Hay que tomar momentos de calma para hacer otras cosas, para vivir vamos.


    Y es ahí donde entra la segunda cosa importante. Tal como en las series o libros, hay de capítulos de relleno a capítulos de relleno. Si los tuyos se tratan solo de perderte en el celular consumiendo contenido sin sentido, o trabajando sin un propósito; entonces ten por seguro que a esos es mejor darles avance rápido para no verlos. Pero, si tus capítulos de relleno incluyen cosas como tomar una clase de tejido para celebrar el cumpleaños de tu difunta abuela, o dedicar una tarde a apoyar en un comedor comunitario, o incluso servir de personaje de apoyo en la historia de alguien más; entonces ten por seguro que, aunque no lo parezca, esos capítulos realmente están haciendo mucho por tu historia.


    Así que, por supuesto, se la protagonista de tu propia historia; pero aprecia también aquellos capítulos que te permiten conocerla mejor.


    ¿Tú cómo quieres tu relleno?

    Cuando la historia no avanza, dedícate a entenderla
  • Nuestro esfuerzo de cada día.

    Finalmente, la primavera ha vuelto; y con ella los días de sol. Hoy estaba en mi balcón disfrutando del clima, y pensé que sería rico comer un postre acorde a la temporada, cómo eso salen en películas del estilo de “Bajo el sol de la Toscana”. Algo como un pay de limón, o un pastel de limón y lavanda. Y no, créanme que el limón no es mi sabor favorito, pero va bien con el clima, ¿no?


    Mientras pensaba en ello, se me ocurrió que la única manera en que podría disfrutar cualquier de esos postres, era si yo ponía esfuerzo en lograrlo; y que esto aplicaba para cualquiera de las opciones que decidiera tomar. Por ejemplo, si decidía preparar el postre por mi cuenta, eso implicaba el esfuerzo de buscar la receta, muy seguramente ir a la tienda por ingredientes que me faltaran, posteriormente mezclarlos, y luego ponerlos ya sea en el horno o el refrigerador para esperar a que estuvieran (aquí entra también la paciencia). Y claro, ya luego la siempre tediosa tarea de lavar todos los trastes usados en el proceso.


    Si por otro lado decidía ir a comer el postre a algún café o restaurante; ahora el esfuerzo estaría en decidir primeramente el lugar, luego manejar hasta mi destino, y posteriormente decidir qué postre tomar. Incluso la opción digamos más fácil, que sería pedir a domicilio, implica el esfuerzo de escoger qué pedir y hacer la solicitud por la aplicación pertinente; o dependiendo del lugar, incluso hablar por teléfono.


    En todos los casos también está el esfuerzo no del momento como tal, pero sí el que tuve que hacer antes durante mi trabajo, para así poder ganar un sueldo que me permita comer un postre durante una tarde de primavera.


    A lo que quiero llegar es que, ya sea en lo grande o en lo pequeño, la vida es así. La única forma en que podemos tener una vida agradable, una vida que en verdad nos guste; es mediante el esfuerzo que pongamos en ello. Y no solo el esfuerzo de hacer una actividad como tal, sino también el esfuerzo tomar la decisión de hacerlo; sobre todo ahora en un mundo que busca mantenernos cansados al grado que la vida se nos vaya en producir (en muchos casos, sin ton ni son) y consumir.


    Pero aquí también entra una distinción importante. He dicho que se debe hacer el esfuerzo, no el sacrificio. ¿A qué se debe esto, si en muchas ocasiones ambas palabras se usan como sinónimos? En lo personal, creo que un sacrificio sucede cuando el resultado o fin que va a producir la actividad, no es uno que te emocione o con el que estás alineada. En cambio, cuando el resultado que esperas obtener está ligado justamente a que puedas disfrutar más de tu vida, entonces se quita toda connotación negativa y se convierte en una fuerza que te impulsa hacia adelante.


    Por eso es que haces el esfuerzo de ahorrar para irte a Barcelona; o el esfuerzo que haces al salir a caminar todos los días, para que en tu cuerpo se mantenga sano. También son todos los pequeños esfuerzos que haces para poder comer un postre rico una tarde de primavera, y para poder escribir un blog y compartir tus ideas con el mundo.


    ¿Tú en qué te estás esforzando ahora?

  • La Guerra por la Pax.

    Me tocó nacer hacia el final de los años 80s, cuando la Guerra Fría estaba también llegando a su fin. Yo no lo recuerdo, pero luego de la caída del Muro de Berlín, y la posterior disolución de la USRR; el clima general era de esperanza. Tanto la población civil como los diplomáticos e historiadores consideraban que se estaba entrando a una nueva época de paz que no se vía desde las grandes guerras; en la que la democracia y la cooperación serían los valores centrales de las relaciones entre las naciones y las personas.


    Como dije, en ese entonces yo era demasiado pequeña para comprender todos esos eventos históricos. Pero si recuerdo que conforme fui creciendo, en general se hablaba de que a mi generación y las subsecuentes nos había tocado vivir en la mejor de las épocas, marcada justamente por la paz y el progreso. Pero, en realidad, la guerra jamás se fue.


    En 1988 empezó el Conflicto del Alto Karabaj, y oficialmente se concluyó apenas en 2024, pese a reiterados alto al fuego a lo largo de los años. La Guerra Civil somalí inició en 2001, y de alguna manera sigue vigente hasta hoy. En 1998 inició la Guerra Mundial Africana, que en sus 5 años de duración causó la muerte de al menos 3.8 millones de personas.


    Por otro lado, en América Latina siguen vivos (en mayor o menor medida) conflictos que iniciaron durante los años de la carrera armamentista comunista-capitalista. Las FARC en Colombia estuvieron activas hasta 2016, cuando se firmaron los Acuerdos de Paz; pero las tensiones y transiciones aún continúan. Muy relacionado a este conflicto está la insurgencia en Ecuador, con más de 13 mil muertes.


    Aquí mismo en México, en 2006 inició la fallida Guerra contra el narcotráfico, que de acuerdo con el ex presidente López Obrador, terminó en 2019; pero que a la fecha sigue cobrando vidas en ambos lados del conflicto. De igual forma, la crisis venezolana inició en 2010, causando una diáspora que según estimaciones podría superar los 9 millones de personas. El 2025 nos recibió con una conclusión de forma a este conflicto, pero el futuro del pueblo venezolano aún pende de un hilo al día de hoy.


    En medio de todo esto, han surgido también las “grandes” guerras de nuestra generación, siendo la Guerra contra el Terrorismo la más sonada, y la que creo nos ha impactado más, sin importar la región geográfica de donde procedamos. Quizás esto se debe que, a diferencia de lo que veíamos en las películas y series, en esta ocasión EEUU había sido atacado en su propio territorio, por otro país, es decir por un “igual”; en lugar de por alguna raza alienígena o monstruos del pasado.


    Esta guerra, que en cierto sentido es más ideológica, ha engendrado dos guerras materiales: las ocurridas en Afganistán e Irak, iniciadas casi al mismo tiempo, pero concluidas con una década de diferencia.


    De forma paralela, tenemos también las guerras que han surgido en el mundo árabe, con las Guerras del Libia y Siria de 2011, en el marco de la Primavera Árabe. Y claro, imposible no mencionar el conflicto que existe, literalmente, desde tiempos bíblicos, entre Israel y el resto de la región. Los horrores que aún hoy el gobierno israelí sigue perpetrando en la franja de Gaza sin duda algún día serán vistos con la misma incredulidad y espanto con el que hoy vemos las imágenes y estadísticas del Holocausto.


    Y ya para terminar este recuento, tenemos la invasión rusa en Ucrania, iniciada en 2022 y que su final aún no se vislumbra. Lamentablemente, parece que el mismo camino seguirán los recientes ataques de Israel y EEUU contra Irán, cuyo impacto apenas estamos viendo.


    Considero que esto demuestra que, en la práctica, nuestra generación está muy distante a ser una generación marcada por la paz, como se nos ha hecho crear. No lo niego, las guerras que he enumerado han más sido focalizadas, y salvo contadas excepciones (como ahora), no habían disparado el sentimiento colectivo de una inminente nueva guerra mundial.


    Pero lo que sí tienen todas en común, y que tienen también con las guerras del pasado; es que todas se nos han vendido como “el camino a la paz”. En todas estas ocasiones los gobiernos de todo el mundo han justificado sus iniciativas bélicas como una forma de apoyar a los pueblos oprimidos, de ampliar la democracia, de garantizar la seguridad del pueblo, de garantizar la continuidad del estado; en fin, de lograr justo la paz. Por supuesto, esto ha sido ampliamente promocionado por la industria del entretenimiento, en la que el final del cuento siempre es con el triunfo de los “buenos” y el final de la opresión; sin contarnos nunca la versión de los vencidos.


    ¿Fuimos entonces, alguna vez, la generación de la paz? Quizás lo que sucede es que nuestros mayores nunca nos dijeron que hablaban de una paz romana; aquella que se necesita para la calma política y el crecimiento de los sistemas económicos; no la paz que se requiere para la creación de comunidad. Esto me hace preguntarme entonces si la guerra fría, que en estricto sentido fue un enfrentamiento entre dos maneras de querer administrar el mundo; realmente terminó a inicios de 1990, o si, irónicamente, simplemente se tibió un poco, para volver ahora con mayor intensidad.


    ¿De qué tipo de paz crees que somos la generación?

  • Feminista.

    Te dices feminista, pero no en voz alta.


    Te dices feminista, pero no lees libros escritos por mujeres.


    Te dices feminista, pero le preguntas a tu ahijada de 5 años si el niño con el que está jugando, es su novio.


    Te dices feminista, pero haces bromas sobre tu compañera de trabajo que es lesbiana.


    Te dices feminista, pero sonríes con suficiencia cuando una adolescente te dice que no quiere tener hijos cuando grande.


    Te dices feminista, pero no interesas por su naturaleza interseccional.


    Te dices feminista, pero no le exiges a tus dirigentes que tengan posturas claras sobre temas de género.


    Te dices feminista, pero a Mónica la presentas siempre como “la Ingeniero”.


    Te dices feminista, pero gritas “pareces mujer”, cuando alguien se te atraviesa al manejar.


    Te dices feminista, pero piensas en las mujeres solo como musas, no como creadoras.


    Te dices feminista, pero te molestas cuando te recuerdan que el feminismo es un movimiento; no una pose.


    ¿Tú te dices feminista?

  • ¡Bienvenida!… ¿o mejor no?

    Ten cuidado de a quién invitas a tu hogar, pues puede que des la bienvenida…

    A alguien que piensa que el mundo es blanco y negro,

    O a alguien que piense que el mundo es un caos de grises,

    O a alguien que piense que “el pobre es pobre porque quiere”,

    O a alguien que piense que “Rebelión en la granja” es una crítica al capitalismo,

    O a alguien que piense que “Rebelión en la granja” es una crítica al comunismo,

    O a alguien que piense que el arte de la de animación es sólo para niños,

    O a alguien que piense que los juegos de mesa se acaban con el Monopoly y el Scrabble,

    O a alguien que te apure en una librería,

    O a alguien que te apure en un museo,

    O a alguien que sólo lea libros “clásicos”,

    O a alguien que nunca lea libros “clásicos”

    O a alguien a quien viajar le parezca una pérdida de tiempo,

    O a alguien que sólo hable sobre las personas y no sobre ideas,

    O a alguien que sólo hable de ideas pero que jamás las ejecute,

    En pocas palabras, cuídate de dar la bienvenida en tu casa a alguien que sólo te quite, pero nunca te aporte. Y también recuerda, tu hogar no es solo el edificio que habitas.

    ¿Tú a quién vas a invitar hoy?

     

     

     

  • Días de Muertos.

    Tengo una confesión que hacer: jamás he puesto un altar de Día de Muertos por mi propia iniciativa. De hecho, esta no es una tradición que celebremos en mi familia.


    [Pausa dramática]


    Antes de que se alarmen, les explico. Como tantas otras cosas, la celebración del Día de Muertos se ha popularizado como algo típico de la cultura mexicana, pero realmente es una tradición del centro y sur del país. Es por eso que, en lugares como Ciudad de México, Pátzcuaro y otros, existen tradiciones y festividades muy vistosas en relación a este día; con celebraciones que pueden durar varios días. En contraste, en el norte del país (o al menos en mi ciudad), es hace apenas unos años que se han realizado celebraciones o eventos más en forma; motivados en parte por generar una derrama económica para las ciudades, y en parte para brindar espacios de convivencia a la ciudadanía. En el ámbito privado, si bien algunas familias han adoptado la tradición de poner un altar en la casa (que según creo se dio en parte gracias a la película de Coco), no es algo generalizado.


    ¿Eso quiere decir que las culturas del norte de México, no celebran a sus difuntos? ¿No tienen, entonces, esa actitud un tanto festiva hacia la muerte que tanto se ha asociado con el imaginario mexicano? La respuesta es no en ambos casos. Pero lo que sí es cierto es que, más allá de los elementos de la tradición católica que se entreveraron con las culturas nativas a partir de la Conquista; cada cultura tiene aspectos relacionados a la muerte muy propios de su cosmovisión.


    Por ejemplo, en la cultura raramuri, no se cuenta con un día específico para celebrar a los difuntos, pero eso no significa que no se celebre la transición del alma hacia la siguiente etapa. Pues justamente, la cosmovisión raramuri entiende la muerte como una parte de la vida misma, una transición natural a la que todos llegaremos en algún punto. La diferencia estriba en que está sociedad no celebra “el regreso” de las almas en un día específico; sino que la fiesta comunitaria se hace al momento en que fallece la persona, pues es cuando su alma se reúne con sus antepasados y con su creador. Para que esta reunión se pueda dar, el alma debe correr hacia el cielo; pero este es un viaje largo y complicado, y si el espíritu del difunto no puede completarlo, entonces se quedará en la tierra causando un desequilibrio en el orden natural. Es por ello que, como parte de la celebración, la comunidad corre junto con el alma, para acompañarle y apoyarle en este último viaje.


    Si bien esta tradición es bastante diferente a la que se ha popularizado, existen varios elementos comunes. Uno de ellos claro es lo que se comentaba al principio de ver a la muerte con cara alegre, que en general es algo muy propio de la mexicanidad. Pero creo que el más importante es el sentido de comunidad que se asocia hacia la transición hacia la siguiente etapa de la vida.


    Ya sea que la comunidad participe en el montado del altar, o que la comunidad corra al lado del difunto en su última carrera; en ambos casos se habla de que es un momento para compartirse. Es un momento para estrechar lazos, para celebrar la vida de la persona fallecida, para preservar las tradiciones, para brindar apoyo, y para crear nuevos recuerdos que sigan sosteniendo el tejido de la comunidad.


    Porque al final del día, el objetivo el Día de Muertos, o mejor dicho, de los Días de Muertos; es justamente ese. Recordar a quienes amamos y que nos amaron, y que esos recuerdos nos acompañen hasta el momento de volvernos a encontrar.


    ¿Tú cómo celebras los Días de Muertos?

  • Préstame tus sentimientos.

    En días pasados, sin una razón aparente, empecé a ver videos de personas reaccionando a canciones del inigualable Juan Gabriel. Las personas que hacían las reacciones eran bastante variadas, pues ví desde un chico argentino con ciertos conocimientos de música, hasta un hombre de nacionalidad árabe que me parece solo le gusta disfrutar de la buena música.


    La primera canción de la que busqué reacción fue la de Amor Eterno, y después pasé a la de Abrázame muy fuerte; esta última interpretada en vivo en el Palacio de Bellas Artes, durante un concierto que se ha calificado como icónico. Aún y cuando no todas las personas que reaccionaron entendían español, y en general en algunos casos no conocían el contexto de la canción; todos tuvieron una reacción emocional muy bonita a las letras e interpretaciones de ambas canciones.


    En mi caso, he escuchado ambas canciones en incontables ocasiones, interpretadas tanto por Juan Gabriel como por otros artistas; en parte un poco por instancia de mi abuelita. Sin embargo, no sé si porque ambas canciones las conocí cuando era muy pequeña, con el paso de los años se volvieron canciones que sólo “oía” en lugar de “escucharlas”. Entonces, ahora que las escuché en los videos, no solo presté más atención a las letras, sino que también pude interiorizarlas y empatizar con ellas; pues en estos años ya me ha tocado vivir experiencias como las que ambas describen. Pero más allá de eso; el escuchar los comentarios tan sinceros y llenos de admiración que todas las personas emitieron, me hizo darme cuenta del excelente intérprete que fue Juan Gabriel; alguien que, si bien en mi mente yo sabía que era “bueno”, nunca había dimensionado hasta qué grado.


    Creo que esto ejemplifica perfectamente como muchas veces no sabemos apreciar y valorar a personas, experiencias, tradiciones, lugares; por el simple hecho de que son parte de nuestra cotidianidad. Y como en ocasiones se requiere que venga alguien externo a apreciarlas con ojos nuevos, y nos contagie su emoción por descubrirlas para poder apreciarlas verdaderamente.


    De ahí entonces la importancia de dos cosas. La primera, el entender que estar abierta a nuevas experiencias no se trata solo de aquellas que vivimos nosotras, sino también a compartir las primeras experiencias de otras personas; y gracias a ellas recordar el entusiasmo que nosotras sentimos la primera vez, o incluso que recién estamos experimentando. Y la segunda, quizás más importante en estos tiempos, es el hecho de nosotras estar dispuestas a facilitar esas primeras experiencias a las personas. Esto implica no sólo “permitir” la entrada de nuevas personas a aquello que nos gusta, sino también el hacerlas sentir cómodas una vez que ya están ahí. Compartir nuestro conocimiento, despejar dudas, ser pacientes mientras aprenden sobre la situación, ayudarlas a evitar errores que nosotras cometimos; y tantas otras acciones que les permitan disfrutar de esas experiencias.


    Al menos en mi caso, he descubierto que el ayudar a una persona a disfrutar algo que ya es conocido por mí, me da una sensación en ocasiones más agradable que la que sentí al descubrir esa experiencia. Quizás por eso se dice que las alegrías se multiplican al compartirse.


    ¿Tú qué quieres compartir hoy?

  • Libérate.

    Libérate.


    Acalla a ese asistente que quiere “ayudarte” a pensar, pero que terminará haciéndolo por ti.


    Silencia a ese teléfono que dice mantenerte conectada, pero que no te deja estar contigo misma.


    Encierra a esa computadora que te seduce para que sigas produciendo, aunque no sepas bien qué o para qué.


    Finaliza con las plataformas que ofrecen contarte millones de historias, pero que obstaculizan que escribas la tuya propia.


    Termina con las aplicaciones que te muestran vidas a través de cristales rosas, y que te hacen creer que la tuya es gris.


    Arráncate ese reloj que no para de decirte que comiste mal, que respiraste mal, que dormiste mal, que viviste mal.


    Libérate de estas y otras tantas cosas que en un inicio creamos para hacernos la vida más fácil, más disfrutable, más sencilla; y que ahora nos atosigan con su constante exigencia de atención y actualización.


    Quizás esa liberación no sea posible en el largo plazo, ni de todo a la vez. Pero si puedes lograrlo por un día, o incluso por una hora, habrás recobrado algo, para ti y los demás, de un valor incalculable.


    ¿Tu cómo quieres liberarte hoy?